VAN GOGH
Exhausto, cansado de tanta incomprensión, mezcló los colores primarios en su mente y con precisión de cirujano desprendió todo su cuerpo, dejando de sí sólo la oreja derecha, con la cual (en medio de un silencio matizado por pinceladas gruesas y contundentes) percibió la música más pura y libre jamás imaginada.
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