EL CARTUJO
Debía pronunciar su última palabra antes de ingresar al monasterio de clausura, donde juraría su voto de silencio perpetuo. El cartujo, entonces, se desveló. Varias opciones pasaron por su mente, y al final prefirió emitir un grito estremecedor. Vacío de conceptos y sereno, ingresó al claustro donde permaneció sublime sin emitir vocablos por el resto de su vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario