REVISTA LITERARIA

PARA UN DESARREGLO SISTEMÁTICO DE LOS SENTIDOS



martes, 4 de diciembre de 2012

LA VIDA, POR MAURICIO NARANJO


LA VIDA


Apreciada y respetada vida: me has dado tantas cosas: una hija extraordinaria, el don de la palabra, un trabajo que disfruto, un par de amigos incondicionales, algunas mujeres hermosas, otras un poco locas, los limones, el ají picante, las bebidas espirituosas, una madre dulce y comprensiva, un padre intelectual y responsable, unos hermanos llenos de bondad y generosidad, el blues, el tabaco, el color verde, los sueños, la poesía, el nervio óptico, el lóbulo temporal, las manos y los símbolos. Querida vida: a veces, en mi nihilismo profundo, he perdido el timón y he navegado por océanos turbulentos, por caminos sinuosos, por oscuros paisajes metafísicos, pero he sabido incorporar esas intensidades a mi arte, esas frecuencias de onda corta me han servido para explorar los laberintos y recovecos de tu milagro, tu don, tu misterio. Quiero agradecerte por los arreboles y por los arrabales, por la noche y el día, por la locura y la cordura, por la pasión y la razón. Siempre he estado en la frontera, en el umbral, y desde allí te rezo para que me permitas experimentar, explorar la incertidumbre y encontrar más preguntas y más besos en el horizonte.

jueves, 29 de noviembre de 2012

LA MUERTE, POR MAURICIO NARANJO


LA MUERTE
Querida y respetada muerte:
déjame permanecer en el tinglado un poco más,
que mi hija le dé forma a sus sueños como escultora de imágenes,
que mi libro inédito vea la luz,
que mi corazón palpite con tranquilidad,
que la mujer ideal por fin toque mis puertas y mis vísceras,
que mi hermana vuelva a cantar,
que pueda seguir viviendo en la cabaña arquetípica,
que pueda viajar a las islas del Pacífico.
Déjame durar un poco más,
para ver si el padre todopoderoso me impregna con sus rayos,
para escribir una novela donde revele mis secretos
y le rinda un homenaje a mis amores,
para enseñar un par de cosas que he olvidado,
para perdonarme por los extravíos y los errores,
para recuperar mi lucidez en los momentos de sobriedad
y para habitar una realidad aparte en los momentos de ebriedad.
Estimada muerte: 
sé que me deseas,
pero déjame permanecer en el tinglado un poco más,
hasta que mi cuerpo resista los golpes de la gravedad
y mi alma resista los dolores de la vida,
hasta que la demencia cruce el umbral de mi mente
y entonces pueda recibirte en calma,
con toda la pasión y el temblor que te mereces.

martes, 27 de noviembre de 2012

El cartujo, por Mauricio Naranjo

EL CARTUJO


Debía pronunciar su última palabra antes de ingresar al monasterio de clausura, donde juraría su voto de silencio perpetuo. El cartujo, entonces, se desveló. Varias opciones pasaron por su mente, y al final prefirió emitir un grito estremecedor. Vacío de conceptos y sereno, ingresó al claustro donde permaneció sublime sin emitir vocablos por el resto de su vida.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

El confuso, por Mauricio Naranjo

EL CONFUSO


Viajero inmóvil, era como humo líquido en las entrañas de un volcán apagado. Cítrico, moraba en verdes páramos contaminados por la lluvia ácida de sus ideas, que como mala hierba, brotaban por doquier y araban en el desierto. Smog en las madrugadas, nunca erró su vocación de contribuir a la confusión general.

sábado, 10 de noviembre de 2012

El oidor, por Mauricio Naranjo

EL OIDOR


Primero aplicó xilocaína en su boca para olvidar los sabores. Luego, saturó de perfume su nariz hasta bloquear los olores. Se vendó lo ojos para privar su visión. Se puso una escafandra, para aislar su tacto. Finalmente, abrió sus oídos al universo, y se estremeció: pudo oir a Dios.

sábado, 3 de noviembre de 2012

El Antejardín, por Mauricio Naranjo

EL ANTEJARDÍN


EN EL ANTEJARDÍN DE MI VIDA, FLORES DE PLÁSTICO SANGRAN SU VERDE DESEPERANZA. ANTURIOS Y ASTROMELIAS SE MECEN CON LA BRISA INÚTIL, INDIFERENTES ANTE LOS FENÓMENOS TELÚRICOS. CRECEN ESPINAS EN LOS TALLOS DEL TIEMPO.

Las Letras, por Mauricio Naranjo

LAS LETRAS


La h muda, sentada; la i, erguida, con su astro permanente; la ñ en su casa, sufriendo de agorafobia; la z en zig zag, siempre por caminos sinuosos; la m como una cordillera, mordiendo el horizonte; la s reptando por desiertos, navegando por meandros; la o lunática, rodando por el mundo; la r ronca de fumar, árbol seco; la p como un monociclo al revés, retumbando en mi cabeza.