REVISTA LITERARIA

PARA UN DESARREGLO SISTEMÁTICO DE LOS SENTIDOS



martes, 22 de enero de 2013

LA MIRADA, POR MAURICIO NARANJO


LA MIRADA


La tierra está en el cielo. 
El cielo está en el corazón. 
El corazón, como un planeta sin nombre todavía, está extraviado en tus ojos. 
Tus ojos de crepúsculo y de arena, 
de insecto y de reptil, 
de nube y de carne.

viernes, 28 de diciembre de 2012

LA PROMESA, POR MAURICIO NARANJO


LA PROMESA


Me prometiste el cielo y me diste una estrella muerta
Me prometiste la tierra y me diste una hoja seca
Me prometiste la luz y me diste una linterna
Me prometiste la lluvia y me diste una gota
Me prometiste el amor y me diste un beso
Me prometiste el tiempo y me diste un reloj
Me prometiste el aire y me diste un barómetro
Me prometiste el verano y me diste un desierto
Me prometiste la naturaleza y me diste una flor marchita
Me prometiste la poesía y me diste tu silencio
Cumpliste todas tus promesas
Al pié de la letra

jueves, 20 de diciembre de 2012

EL APOCALIPSIS, POR MAURICIO NARANJO



EL APOCALIPSIS


Vivo el apocalipsis cada vez que te pienso
Vivo el fin del mundo cuando olvido que te perdí
Vivo el Armagedón alejado años luz de tu boca
Tu sombra es como una profecía
Tus piernas están grabadas en todos los calendarios primigenios
Las voces de los iniciados me repiten tu segundo nombre
En el eco interminable de la debacle
Y de los tsunamis que me traen tu aroma
Soy el prestidigitador
El maestro de ceremonia del solsticio de verano
El pintor de tu ausencia
El que en lenguas predice el declive universal
El que colorea mandalas para recordar la forma de tu vientre
Vivo el apocalipsis cada vez que te pienso

lunes, 10 de diciembre de 2012

LA LLAMA, POR MAURICIO NARANJO


LA LLAMA


La llama de una vela encierra todo el misterio del cosmos. A diferencia de la luz eléctrica, permite visualizar apenas lo justo, respetando la penumbra. Inspira tanta reverencia y asombro, como la primera vez que los humanos lograron encender una fogata. En esa llama parpadean serenos los ojos de Dios, con su enigma intacto, con su perfecta indiferencia azul.

martes, 4 de diciembre de 2012

LA VIDA, POR MAURICIO NARANJO


LA VIDA


Apreciada y respetada vida: me has dado tantas cosas: una hija extraordinaria, el don de la palabra, un trabajo que disfruto, un par de amigos incondicionales, algunas mujeres hermosas, otras un poco locas, los limones, el ají picante, las bebidas espirituosas, una madre dulce y comprensiva, un padre intelectual y responsable, unos hermanos llenos de bondad y generosidad, el blues, el tabaco, el color verde, los sueños, la poesía, el nervio óptico, el lóbulo temporal, las manos y los símbolos. Querida vida: a veces, en mi nihilismo profundo, he perdido el timón y he navegado por océanos turbulentos, por caminos sinuosos, por oscuros paisajes metafísicos, pero he sabido incorporar esas intensidades a mi arte, esas frecuencias de onda corta me han servido para explorar los laberintos y recovecos de tu milagro, tu don, tu misterio. Quiero agradecerte por los arreboles y por los arrabales, por la noche y el día, por la locura y la cordura, por la pasión y la razón. Siempre he estado en la frontera, en el umbral, y desde allí te rezo para que me permitas experimentar, explorar la incertidumbre y encontrar más preguntas y más besos en el horizonte.

jueves, 29 de noviembre de 2012

LA MUERTE, POR MAURICIO NARANJO


LA MUERTE
Querida y respetada muerte:
déjame permanecer en el tinglado un poco más,
que mi hija le dé forma a sus sueños como escultora de imágenes,
que mi libro inédito vea la luz,
que mi corazón palpite con tranquilidad,
que la mujer ideal por fin toque mis puertas y mis vísceras,
que mi hermana vuelva a cantar,
que pueda seguir viviendo en la cabaña arquetípica,
que pueda viajar a las islas del Pacífico.
Déjame durar un poco más,
para ver si el padre todopoderoso me impregna con sus rayos,
para escribir una novela donde revele mis secretos
y le rinda un homenaje a mis amores,
para enseñar un par de cosas que he olvidado,
para perdonarme por los extravíos y los errores,
para recuperar mi lucidez en los momentos de sobriedad
y para habitar una realidad aparte en los momentos de ebriedad.
Estimada muerte: 
sé que me deseas,
pero déjame permanecer en el tinglado un poco más,
hasta que mi cuerpo resista los golpes de la gravedad
y mi alma resista los dolores de la vida,
hasta que la demencia cruce el umbral de mi mente
y entonces pueda recibirte en calma,
con toda la pasión y el temblor que te mereces.

martes, 27 de noviembre de 2012

El cartujo, por Mauricio Naranjo

EL CARTUJO


Debía pronunciar su última palabra antes de ingresar al monasterio de clausura, donde juraría su voto de silencio perpetuo. El cartujo, entonces, se desveló. Varias opciones pasaron por su mente, y al final prefirió emitir un grito estremecedor. Vacío de conceptos y sereno, ingresó al claustro donde permaneció sublime sin emitir vocablos por el resto de su vida.